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La crisis sanitaria originada por la pandemia por COVID-19 ha puesto a prueba la capacidad de todos los miembros que integran la comunidad de la Universidad de León para adaptarse a una situación totalmente nueva e incierta.

A partir del 15 de marzo de 2020, fecha en la que se decretó el Estado de Alarma, se adoptaron una serie de medidas de carácter organizativo y sanitario, derivadas de las recomendaciones realizadas por las autoridades competentes nacionales y autonómicas y publicadas en el Plan de Contingencia General. Se suspendieron las actividades formativas y de investigación presenciales, se habilitó el teletrabajo y se flexibilizó la jornada laboral reduciéndose a mínimos el número de personal en trabajos esenciales presenciales. Las reuniones necesarias con otras instituciones y dentro de la propia institución, se llevaron a cabo por vía telemática. De esta manera, la casi la totalidad de la plantilla se mantuvo en su domicilio, consiguiendo con ello la máxima protección frente al contagio por COVID-19 en el ámbito laboral.

Cuando fue inminente el levantamiento del Estado de Alarma, desde Gerencia se reguló la incorporación progresiva del personal a la actividad presencial a través de un plan publicado el 8 de mayo, en el cual se establecieron todas las medidas señaladas la Secretaria General de Función Pública y otras de conciliación familiar y de flexibilización de jornadas y horarios, así como medidas higiénicas personales como el uso de mascarillas y guantes, que la Universidad de León puso a disposición de los trabajadores, o el mantenimiento de la distancia. Asimismo, se adoptaron otras medidas de barrera como la instalación de mamparas en los puestos de atención al público, la señalización en el suelo, la clara indicación y respeto de la ocupación máxima, etcétera.

La actividad académica se organizó igualmente con rapidez. El 18 de marzo se publicó el Plan de Continuidad de la Actividad Académica ante la situación COVID-19 en el cual se estableció que toda la actividad docente se realizara a través de la plataforma virtual de aprendizaje Moodle y se recomendó que, siempre que fuese posible, las clases se impartieran mediante videoconferencia. Para ello, el Servicio de Informática y Comunicaciones trabajó intensamente para incrementar en más de un 50% la capacidad y los recursos del Moodle y del módulo de videoconferencia de modo que pudiese soportar hasta 1800 conexiones simultáneas. También se creó el espacio web Yo trabajo en casa donde se puso a disposición de la comunidad universitaria distintas herramientas para la docencia y el trabajo en remoto, con sus correspondientes guías.

Alumnado, profesorado y personal de administración y servicios tuvieron que realizar un importante esfuerzo de adaptación al nuevo contexto, pero desde los órganos de gobierno se hizo todo lo posible para que dicha adaptación fuese lo menos costosa posible.

Los profesores modificaron las Guías Docentes de las asignaturas para contemplar el nuevo escenario de docencia y evaluación online y desde la Escuela de Formación se desarrolló un Plan Formativo de Apoyo a la Docencia y a la Evaluación Virtual para apoyarlos en sus tareas docentes. Por un lado, se ofertaron una serie de  seminarios web de, aproximadamente, una hora de duración con los que los profesores pudieron familiarizarse, entre otras cosas, con las herramientas para la realización de videoconferencias, con la grabación de vídeos o con la elaboración de cuestionarios en Moodle. Por otro lado, se ofertaron una serie de talleres de tres horas de formación durante los que pudieron adquirir conocimientos más amplios sobre algunas técnicas como, por ejemplo, la elaboración de rúbricas, la coevaluación o el chequeo de plagio. Cada una de las acciones formativas se repitió las veces necesarias para cubrir la demanda de forma que, en total, desde principios de abril a finales de mayo, fueron 26 las acciones formativas llevadas a cabo y casi 1000 los profesores que participaron.

Desde el Vicerrectorado de Estudiantes y Empleo, se implementaron una serie de ayudas destinadas a la mejora de la conectividad del alumnado a Internet: se concedieron 17 ayudas económicas, se entregaron 80 modems con tarjetas y se prestaron 17 ordenadores, sin que quedara ninguna solicitud sin atender. Asimismo, se hizo una convocatoria de ayudas complementarias para estudiantes de Grado y Máster para hacer frente a situaciones de dificultades económicas derivadas del COVID-19 (33000 euros) que contó con la cofinanciación del Banco Santander.

Por otra parte, de acuerdo con las directrices del Ministerio de Universidades y de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y con el objetivo de que ningún estudiante universitario viera interrumpido o perjudicado su desarrollo académico, el 15 de mayo, el Vicerrectorado de Actividad Académica resolvió que se pudiera solicitar anulación de la matrícula de asignaturas de Grado y Máster de segundo semestre y/o anuales, incluidos TFGs y TFMs, si se daba alguna de las siguientes circunstancias: 1. no disponer de equipos informáticos adecuados o de suficiente conectividad a la red; 2. contar con un contrato laboral relacionado con COVID-19 que impidiera seguir adecuadamente la actividad docente y/o realizar las pruebas de evaluación no presenciales; 3. estar afectado/a por circunstancias personales sobrevenidas por la pandemia del COVID-19 (enfermedad del estudiante o de un familiar directo, causas socioeconómicas o escasez de recursos) o 4. estar cursando asignaturas, con un elevado componente práctico, de Máster o de los dos últimos cursos del Grado, y que el alumno considerara conveniente realizarlas en el próximo curso. Las solicitudes de anulación de matrícula resueltas favorablemente fueron 141.

Otra gran parte de la labor institucional se centró en atender al alumnado de movilidad internacional en dar respuesta a las demandas de investigación relacionadas con la pandemia. Desde el Vicerrectorado de Internacionalización, a través de la Oficina de Relaciones Internacionales, se hizo un seguimiento exhaustivo de todos los estudiantes que, bien estando en León o bien en otros países, manifestaron el deseo de volver a sus hogares o, por el contrario, continuar en sus destinos de movilidad. Con cada uno de ellos se estableció una comunicación constante, a través de mail, teléfono y whatsapp, y se habilitó un canal de Telegram para agilizar las consultas y el intercambio de información. Además, se trabajó de forma coordinada las universidades socias, con los servicios consulares y con las embajadas en España y de España en exterior, así como el Servicio Español para la Internacionalización de la Educación y con el Ministerio de Interior y el de Asuntos Exteriores, para que los estudiantes pudiesen viajar rápidamente y con seguridad o afrontar las medidas de aislamiento de los distintos países de la mejor manera posible.

Por su parte, los investigadores y los correspondientes servicios de apoyo y de gestión, coordinados desde el Vicerrectorado de Investigación y Transferencia, también tuvieron que trabajar a contrarreloj para poder participar en distintas convocatorias de proyectos de investigación centrados en las causas y consecuencias de la pandemia por COVID-19. Desde el Vicerrectorado de Ponferrada y desde Gerencia se coordinó la entrega de material sanitario y de protección a los hospitales y desde Secretaría General se impulsó la utilización de la firma electrónica y se tomaron las medidas oportunas para que las reuniones del Consejo de Gobierno se celebraran telemáticamente.

Finalizado el Estado de Alarma, pero aún en unas circunstancias de riesgo para la salud pública, hubo que afrontar otros retos importantes antes de dar por finalizado el curso 2019-20.

En primer lugar, la celebración de las pruebas de Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU) con el mínimo perjuicio para un alumnado que no pudo trabajar en las mismas condiciones que otros años y con las máximas garantías sanitarias. En la primera convocatoria, celebrada los días 1, 2 y 3 de julio, se inscribieron 2289 alumnos de León y Ponferrada, procedentes de un total de 63 centros de Educación Secundaria y de Formación Profesional, los cuales tuvieron que acceder a pie y sin acompañamiento a los centros donde se desarrollaron las pruebas y, tras un llamamiento y el uso obligatorio de gel hidroalcohólico, ocuparon siempre el mismo sitio en las aulas debiendo realizar los exámenes con mascarilla. Gracias a la labor de organización realizada desde el Vicerrectorado de Estudiantes y Empleo y al ejemplar comportamiento de los estudiantes, las pruebas se desarrollaron sin ningún incidente reseñable. Los resultados fueron muy satisfactorios pues, en esta convocatoria, las pruebas fueron superadas por un total de 2000 estudiantes, lo que supone un porcentaje global de aprobados del 93’72 %, y la nota media final fue de 7,50.

En segundo lugar, el desarrollo del Programa de Verano. Los cursos de la Escuela de Innovación Educativa y parte de los cursos de verano fueron cancelados, pero  se mantuvo la oferta de 24 cursos, la mitad de los programados inicialmente, que fueron impartidos en modalidad presencial, con todas las medidas higiénico-sanitarias y de distanciamiento necesarias, o, por primera vez, en modalidad online y semipresencial. La excelente aceptación que los cursos tuvieron, con más de 600 matriculados, avaló el esfuerzo realizado desde el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y con la Sociedad, a través del Área de Extensión Universitaria, por mantener estas actividades formativas que todos los veranos se celebran con el objetivo de trasladar a la sociedad el conocimiento generado en la universidad.

 

En tercer lugar, la reanudación de las actividades culturales, impulsada desde el Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Cultura y Deportes, con la  inauguración de las exposiciones “A Fondo” en la Sala de Exposiciones del Campus de Ponferrada y Anna Tamayo “La memoria de las flores extraviadas”, en la Sala de Exposiciones del Ateneo Cultural “El Albéitar” en León y la recuperación de los ensayos de las formaciones de teatro y música que se han trasladado a espacios que permiten cumplir mejor con las medidas de distanciamiento.

También con el impulso de dicho vicerrectorado y para facilitar la conciliación tras la situación vivida en el ámbito familiar, se retomaron los campus de verano semanales ofrecidos, durante el mes de julio y primera semana de septiembre, a niños de entre 3 y 12 años.

Por lo que respecta al curso 2020-21, la experiencia acumulada ha permitido elaborar otros planes y proyectos que aseguran el desarrollo seguro y organizado de todas las actividades entre los que destacan dos: el Protocolo de Vigilancia frente al coronavirus, promovido por el Vicerrectorado de Infraestructuras y Sostenibilidad, que permitirá dar una respuesta rápida para la identificación, manejo y seguimiento de los posibles casos de infección por COVID-19 que puedan darse en la comunidad universitaria y que incluye un Sistema de Vigilancia Epidemiológica que facilitará la colaboración y coordinación entre la Universidad de León y las Autoridades Sanitarias y el Plan de Actuación para la adaptación de la docencia a las exigencias sanitarias, promovido por el Vicerrectorado de Actividad Académica. Partiendo de la hipótesis de que, durante el curso 2020-21, pueda haber dos escenarios posibles -docencia presencial o adaptada (parcialmente online) respetando una serie de medidas higiénico-sanitarias o docencia online por un posible nuevo confinamiento- su objetivo es mantener la máxima calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje por lo que incluye una estrategia de digitalización reforzada, que implica una  mejora del equipamiento informático y redes telemáticas; una capacitación del profesorado en el uso de la comunicación digital y una ayuda de la administración universitaria para la conectividad adecuada del conjunto de los estudiantes con el fin de que ningún alumno quede en desventaja por la persistencia de la brecha digital.


Meses después de su comienzo, se puede decir que la respuesta de toda la comunidad de la Universidad de León a la situación provocada por la pandemia por COVID-19 ha sido muy satisfactoria. Aun con algunos fallos y desajustes, alumnado, profesorado, investigadores y personal de administración y servicios han encontrado en unas circunstancias dolorosas y desfavorables una oportunidad para avanzar hacia la necesaria transformación digital de la Educación Superior y una oportunidad para seguir aportando valor a la sociedad mediante iniciativas con las que se comparte solidariamente el conocimiento.