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El 30 de octubre de 1979 el Boletín Oficial del Estado recogía la creación de las universidades de Alicante, León, Cádiz y la Politécnica de Las Palmas de Gran Canaria. Largo fue el camino y no exento de dificultades hasta llegar a ese ansiado 30 de octubre para los leoneses; pero si algo les caracteriza, y no en palabras suyas precisamente, es la tenacidad. Mucho tiempo llevaban reivindicando una “Universidad para León”. Ahora solo quedaba darse a conocer, labrar un futuro y hacerse un hueco entre el resto de las instituciones de enseñanza superior.

1er Premio: ‘Pandora’ de Alejandro Pascual Hernández

Miré dentro y mi concepción de “desgracia” palideció en comparación con el significado que a partir de ahora tendría. Nadie podría librarse de lo que aquello emanaba, ni siquiera por justo y bueno. El odio contaminó desde los más grandes reyes hasta el último peón y casi provoca otra gran guerra, no solo entre reinos, sino entre fichas blancas y negras. La soberbia fue incluso más contagiosa que la pandemia que vino después, y fue la combinación de ambas la que terminó con todas aquellas vidas. El orgullo hizo que se infravalorase una Muerte que esta vez era invisible a nuestros ojos. El pesimismo parecía estirar el tiempo infinitamente. Horrorizado, pedí a la joven chica que cerrase aquella caja. A lo que ella me contestó con una sonrisa:

-No, aún queda algo dentro, mira.

En su interior una enfermera acompañaba a un anciano a la salida de un hospital.

2º  Premio: ‘Claustrofobia’ de Daniel Ramos Martínez

Maruja, la vecina 5ºB, era viuda y tenía sesenta y dos años cuando murió apaleada por sus vecinos. Habían dejado el cadáver tirado en el rellano. No sabían qué hacer con él; llevaba tres días allí, torrándose al sol de la ventana del hueco de la escalera. El vestido negro que llevaba puesto el día que la mataron, sumado a un desagradable olor a podrido que empezaba a emanar de su cuerpo recalentado, le daba un aspecto de bolsa de basura.  

Maruja vivía con la única compañía de un pequeño bichón maltés; nadie más en la comunidad tenía perro. Con la declaración del estado de alarma por el coronavirus, se había convertido en la única inquilina con derecho a salir de su casa para dar un paseo y tomar el aire. Tras dos meses de confinamiento, sus vecinos no aguantaron más.

3er Premio:  ‘Sin título’ de Pablo Domínguez Aguilar

Mis ganas de estudiar han desaparecido. Anoche las dejé junto a los apuntes frente a los que pasé varias horas y hoy no están ahí. Es un auténtico problema, pues sin ellas es imposible concentrarse, por lo que me dedico a buscarlas por la casa. 

No las encuentro disueltas en el café que me bebo todas las mañanas, ni escondidas entre las palabras de las noticias que leo acompañándolo. No están ocultas tras el último compás de la obra que me gusta tocar con el violín, ni me sorprenden desde la pantalla como el giro de la trama de la serie que veo por la tarde.

Desconcertado, me pongo a hacer un poco de ejercicio para satisfacer la necesidad de sentirme productivo y, justo cuando voy a terminar, ahí están, mirándome burlonas desde mi cuaderno. Pero ya es tarde y estoy demasiado cansado. Ojalá mañana sigan ahí.

4º Premio: ‘Sin título’ de Guillen Fernández Ferreras

Era una noche cerrada. Las persianas abiertas devolvían ecos de silencio con forma de volutas tempestuosas, y en el reloj de la pared, el tiempo mecía los pasos de la existencia. Una mujer lavaba los platos con mesura, solitaria. Respiraba cada paso y cada cubierto, pensando que lloraba. En la ventana desnuda que le devolvía la mirada, aparecía la imagen de un edificio enclaustrado en el paisaje. Era alto. imponente, lleno de blancos eléctricos y sirenas. Allí se congregaban la esperanza y la tristeza, el miedo y la fuerza solidaria. Allí, entre sus paredes, entre sus salas de espera, entre quirófanos y mascarillas, el combate se libraba sin ceder terreno, sin conceder tregua. Ella miraba mientras las lágrimas caían en el agua y se deshacían imperceptiblemente. No eran lágrimas desesperadas. Eran rabia, eran tenacidad, eran lucha. Eran la voz de los que, aunque nadie les escuché jamás callan.

5º Premio:  ‘Sin título’ de Erika Redruello Vidal

Amanecí un día más en el silencio de la mañana. Hacía ya un tiempo que el clamor de la ciudad se había disipado y el ambiente era tranquilo, aunque inquietante, como si en cualquier momento fuera a terminarse el mundo. Suspiros melancólicos se escuchaban en algunas ventanas mientras mis compañeros me daban los buenos días. El Sol empezaba a calentar, pero no había nadie para disfrutarlo. El aire era más puro y el cielo había abandonado su color gris, aunque muy pocos lo percibíamos. Si cerrabas los ojos podías a la naturaleza, por fin, hablar, mas no había quien escuchara. Realmente, había algo que no cuadraba, mientras que todo empezaba a ir mejor, algo se apagaba. Desplegué mis alas y me dispuse, nuevamente, a intentar averiguar qué estaba pasando. Comenzaba a oler a primavera, aunque parecía que había llegado el invierno.